LA MEMORIA DEL CUERVO

LA MEMORIA DEL CUERVO

Editorial:
CODEX
Año de edición:
Materia
JUVENIL
ISBN:
978-84-614-8590-1
Páginas:
140
Encuadernación:
Rústica
Colección:
CODEX JUVENIL
10,00 €
IVA incluido
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La memoria del cuervo de Manuel García Pérez es el primer volumen de la recién creada Editorial Codex , que dirige Vicente Pina, propietario de la librería homónima. El editor, Vicente Pina, es conocido, además de su profesión como librero -que desempeña con muy buenos oficios- por su labor como promotor cultural.

El autor, Manuel García, es profesor de Instituto, destacado filólogo y pedagogo (ha escrito varios libros sobre temas educativos en la editorial MAD y su tesis doctoral, basada en un estudio semántico y matemático de la información audiovisual fue editada por la Universidad de Murcia. Asimismo ha publicado artículos de filología en numerosas revistas especializadas) y, además, un excelente creador (ha publicado una novela de terror en la editorial Brosquil y poemas en conocidas revistas literarias). He leído de un tirón la novela, que apenas supera las ciento veinte páginas. El autor ya me había advertido que se trata de un producto de encargo, que tuvo que plegarse a las características del relato juvenil para encajar en la recién nacida editorial, y aunque se perciben algunas concesiones, La memoria del cuervo es un libro estimable y además muy bien editado, con ilustraciones del pintor Roberto Ferrández.

El ritmo del relato es intensísimo -no da tregua al lector, con una escritura nerviosa y fragmentada- y los capítulos están muy bien ensamblados hasta conducir a un final cinematográfico inesperado. La narración nos cuenta los padecimientos de cuatro jóvenes secuestrados en un sótano por una expansiva secta neonazi. Pero cada uno de ellos esconde una historia oscura, perversa. La estructura del libro propicia una lectura convencional, con un orden secuencial lógico y un narrador objetivo; pero este orden narrativo alimenta otras perspectivas: los angustiados relatos íntimos de los secuestrados en su estado de estupefacción, aturdidos por las drogas que se les han administrado –lo que nos hace dudar si los historias que cuentan son reales o imaginadas-. Para darle verosimilitud a la trama, el autor utiliza a modo de prólogo, en el primer capítulo, el recurso del manuscrito encontrado. Este artificio técnico, que trata de reforzar el argumento de la pervivencia del nazismo y su lenta pero implacable extensión por el mundo, en mi opinión resulta salgo confuso y poco desarrollado; Por lo demás, hay capítulos excelentes como “¿por qué odias a los perros?”, “Diario de un joker” “El cancerbero” y “El bosque animado”.

Manuel García ha escrito La memoria del cuervo con un fin: atraer al público juvenil. Para ello se sirve de un argumento apocalíptico, pesadillesco, -afín al comic, el Street art, los videojuegos y el cine fantástico y de terror-, integrado en estos tiempos nuestros de hiperrepresentación (como diría Baudrillard), pero con un alto nivel de exigencia creativa. El autor culto celebrará el lenguaje elaborado, las obsesivas recurrencias, la tendencia a un onirismo denso, abisal, el inmenso caudal de lecturas y conocimientos. Hay un filón de parodias, alusiones y citas literarias, cinematográficas, musicales y del mundo del comic a veces explícitas, pero en la mayoría de los casos insertadas con maestría en el texto, por lo que el lector experto puede entretenerse descifrando la tupida red intertextual (Dante, Perrault, Poe, Lewis Carroll, Lovecraft, W. Fernández Flórez, Max Blecher, Hermann Hesse, Borges, Cortázar, Sabato, Mario Levrero, Salinger, Stephen King, Murakami, Hitchcock, George A. Romero, Tom Holland, Tim Burton, Vicenio Natali, Tarantino., Jhon Bucema, Frank Miller, Johny Cash, Los Ramones) , mientras que el lector convencional disfrutará de la amalgama de elementos impactantes que recibe. Además, el autor demuestra sin pedantería sus conocimientos de antropología, psiquiatría y biología.

Por otra parte, como mandan las reglas de la editorial, los hechos suceden en la Vega Baja del Segura, en pueblos, ciudades y paisajes reconocibles de nuestro entorno. Si bien algunas localizaciones resultan forzadas, en conjunto el resultado es notable. En este sentido, me parece muy acertado el capítulo “El bosque animado”, en el cual el policía infiltrado en la secta le revela a la atribulada Alicia, mientras la ayuda a escapar, que se encuentra en una de las faldas de la Sierra Escalona (en la carretera que une San Miguel con Pilar de la Horadada), paraje casi deshabitado que conozco muy bien; un lugar ideal como asentamiento para una secta destructiva.

Manuel García ha aprovechado con creces el mare mágnum posmoderno (terrorismo, proliferación de sectas satánicas, anomia, avance desenfrenado de la tecnología, culto a la parapsicología, fascinación por la abyección, derivas ideológicas, sincretismo cultural) y las noticias sobre el preocupante ascenso del extremismo neonazi –el reciente atentado en Noruega lo confirma- sin renunciar a realizar incursiones en la literatura clásica y en algunos de los hitos literarios y artísticos de la modernidad. En definitiva, una novela ambiciosa -dentro de las limitaciones del género- que destaca por el lenguaje poderoso y la imaginación desbordante.

Ilustraciones de Roberto Ferrández Gil
Fuente: José Luis, Zerón